martes, 14 de enero de 2014

176

No lloraba nunca cerca de su soledad, simplemente la alzaba en el aire arrojándola, la desnudaba y era como desvestir a una naturaleza muerta, la nostalgia humeaba, un maniquí era quemado frente a una vidriera, se le acusaba de yacer para quién nunca vino, otra mujer vendía luz sólo mientras se desnudaba, una sombra bajo su minifalda iluminó el sentido del sol al doblarse en todos los sentidos, su boca exigía silencio en los espacios abandonados de mis labios, mi saliva era un recinto para que sus palabras la inundaran de poemas, había algo que se desprendía callado en cada uno de sus gritos, el ruido metálico de mi acento se sintió el emisario del mundo, sólo es agua en un poema, las grietas de una prostituta se abren como una flor que emana mi nombre, Serge trata entonces de curarse una herida, arroja piedras frente a todo lo que escribo, Rocío oculta sus muñecas en mi interior, ella sí que sabe leer los líquidos de mi memoria, un cuento de niños se muere hablando frente a un espacio vacío, una plaga amarilla recoge aire, lo encierra en el misterio del gemido, la pena atraviesa la zona callada de un abrazo, mi mirada tiembla muerta ante el mundo blanco de la música, la imagen del amor se acuesta sobre arenas negras que nada tienen que decir, unos senos que no estaban se toman de la mano con la ausencia, una luz agoniza para ser brisa en una hoguera rosada, en la cavidad azul del color entra borracho el sexo, se nutre durante mil años, hay un espacio mudo que viene oscilando hacia un rostro que está preparado para vivir, el instante libre se parte en dos tras una corriente de aire, mi bosque de silencios no puede llorar, ¿ pero por qué escribir así ? me pregunta un movimiento que ya empezó a morirme, pues porque hay una muchacha que está perdida...y que se esconde...que canta en la ciudad de mis ruinas.