viernes, 10 de enero de 2014

175

Pido el silencio. Madrugada. Ella quiere un sitio reducido donde poder llorar a veces. 
- El silencio está muerto, dice una sombra asombrada. 
Un espacio negro enciende una lámpara. En un eclipse se deshacen las sombras de la misma sombra. Una mujer marcha, silenciosa. La oscuridad llora por primera vez más allá de sí misma.
- ¿ Por qué mi boca estará siempre tan abierta ?, gime por otro lado la paz. 
Luego se toca las tetas. 
Hay almas que no saben dormirse sobre las conchas del corazón de una hembra, piensa Serge. (La mía debe ser una de ellas).
Rocío tiene un instante de inmersión en mi pecho. Es una vocecita muy limpia. Habita en las portentosas pasiones de mi infancia. (También desea reunir su "fancia" con mi infancia). 
Dentro de la muerte todo hace el amor. El hechizo y la alegría entran en la música gris del cuerpo. Lo sé porque todos mis agujeros se lloran hasta romperse. 
En lo triste, el concepto "espacio" lleva un candelabro de siete brazos. La ausencia es densa. Se arroja como una piedra sobre los párpados de un cadáver. 
Siempre, en el fondo de cada suspiro, hay una emperatriz que muere. 
- Poeta, ya no sé que hacer con tanto querer no quererte más... 
Los adjetivos cogen mi ternura que se revuelca en sus sales hasta fracturarse. 
Cuando amo tengo frío allí donde mis pensamientos son jaulas vacías. Me iré entonces dónde ya no haya dónde irse.... 
Nado hacia el agua negra.
Debo quedar debajo de un golpe para que el fondo de la vida se me seque en el mundo blanco de ti.