martes, 17 de diciembre de 2013

172

Mi pasión es un tajo disimulado en el ancho de un relámpago, tu razón hunde sus pies delgados en el agua fresca que pone dulce a mis latidos, mis dedos teclean los espacios que deja una sonrisa, acá, sí, amor acá, el humo danza y se seca en tus verdades, el ruido de mi pluma sigue caminando, pensemos en los dos, un corazón pregunta por la ternura de la ausencia, el dolor se hace redondo al interior de nuestro silencio, hay adiós en el centro de una piedra, y nuestro fondo...¿ se ha mudado acaso ? ahora mis caderas se entremezclan en la ruta de tus muslos, veo senos y los beso, son como dos panes que se amplían en mi boca, así, fumemos la pipa de la ternura, el gemido viene a recoger mi imagen a los pies de tu alma, tú vas y te escondes en lo que pienso, yo me reúno en la inquietud de tus labios, pongo mi boca donde eres mía, tiras amor a orillas de mi aliento, el instante tuyo se hace mío cuando giramos en torno a un orgasmo atardecido, quiero perder la vida en la curva de tu voz, recuperarla, a veces, si me das la mano, no sé dónde ni cuando entreabrirte mis poros y ser un acantilado inmóvil con tu soledad, "buenas noches" dice el adiós, "pero es que aquí estoy" responde la llanura de tu mirada, una mujer solitaria quiere salvar a la manía de vivir que se mira en la brisa, un grito se astilla en un musgo que mece lágrimas, Serge descubre bajo tierra al sexo de los ángeles, Rocío sangra, se acerca a la veta de un poema con la piel rota y lo acaricia, se baña en el pulso de sus latidos, la tristeza se eriza en el ruido rojo de las cosas por las que vale la pena vivir, nuestros lagrimales se hacen monocordes y nos limpian los bolsillos, respiran en ellos, acurrucados, después... se vuelven azúcar, el abandono va y se parte de melancolía, un pensamiento tibio roza aquel amor que no sucedió, la eternidad suda, el odio envejece, debajo, estoy yo, secado en mi sombra... pero canto.