martes, 24 de diciembre de 2013

173

Ahora nos sentamos en el origen de una mirada, y las sensaciones de hilo se beben, nos sonríen y huelen a tiempo abierto, la muerte es el único reino que no descubriremos, un poema cae y es una gota de rocío, luego, se entierra en el silencio para no verme, lo que escribo de ti llena todo de alumbrones, y suena después, dice que el amor de la muerte es su asombro, digo que la vida es distancia que fallece, un espejo se incendia de inmovilidad y certeza, una luz lila nada por el alba buscando ausencias, en los párpados del sonido la verdad pulsa, sube tus piernas lentamente... enlaza mi calor, penetra la zona prohibida de mi boca, deja en mis labios tu tristeza transparente, moja de amor la saliva de un olvido roto, acaríciame, que tus muslos sean siempre un espacio de revelación, surco a surco recibo lo de mí que eres tú, lluévete en la ternura que me pides, ocúltame en ella cuando vengan a buscarme, "se ha mudado" dirá entonces la indiferencia, no lejos de la noche hundes tus uñas en mis caderas, amanece contra nuestros cuerpos mudos, pero en cuanto me miras, rehaces mi memoria, eres como el silencio que late en el viento de mi alma, buscas la esencia central y desde ahí me hablas para siempre, he perdido la vida no sé donde para que me dejes ser en tu sed, emboscada por mi escritura la otra orilla de la noche se roza en ese amor imposible, llévame con tu sustancia no sé dónde, quizá por donde el granate de tu deseo se zambulla en mi ultramar cerrado, en una noche abierta el bosque musical de los instantes nos toca las sílabas más remotas, dentro de allí el estruendo se desangra, el olvido es un ángel sin latidos, los vasos del cariño se desnudan frente al aire vacío de un grito, el odio llora sus colores, el verde mudo del frío se tumba contra la muerte, allí encuentra un lugar abierto por donde comerse toda mi espera, una muñeca con un ataúd de luz inhala mis sueños, es cómo el cadáver gris del frío que me muestra sus pezones.