Tu sonrisa se reúne con mis labios, nos arrima al suspiro arqueado que ya se asoma por la curvatura de tu boca, una palabra que se está por decir nos da sombra, mil oxígenos se nos encierran en el piel para volverse metáforas, entonces busco la presión de tu beso agitando mi sensibilidad, sé que la tuya tiene un pozo donde el cosmos juega a la ronda, por ahí se hunden tus lágrimas como espejos, y tus ojos son esa frontera que no se duerme hasta tarde, la lumbre respira mi espesor cuando recuerdo que no vas a volver, tu mirada baja entonces la voz y me hundo puertas adentro en tus gestos, ¿ te mojo el odio seco ?, el olor de la tristeza maúlla y gime, es bello como el mar, hay una brisa que no tiene nombre todavía, se clava en un niño frío que busca el péndulo de lo que aún no sabe, el viento cierra los ojos y quiere hacerse piedra, Rocío lo envuelve, ondula su cuerpo en un sollozo, tal vez estalle en aire desahogado de vacíos, ¿ en qué galaxia estará aquél certificado de espuma que ha caído en la claridad desde donde podía mirar el trasluz de tu alma ?, pero ella camina sola, ya no responde, a veces se abraza a un árbol para llorar, en un nido encuentra toda la paciencia verde que ha resbalado del cielo, y palidece, me recuerda, evoca sábanas gastadas con olor a sexo crujiente, revive nuestros alientos plegados en la saliva, se descolora en el volumen cromático de la ternura, camina por donde el corazón quema su futuro como a una oscura maleza, finalmente, el trance se apoya en la euforia del propio sudor, ya no importa que la mitad de su amor se niegue a ser el centro de mi vida, pronto sentirás que sencillo es necesitar no ser un nombre en presoledad, yo solo quiero entreabrir la belleza en espera de tu pubis... pensar que debes tener los pies hermosos.