Pongo tu muslo en mi muslo, mi deseo se unta y entra en tu boca, pero nunca sabré quién eres... hundo un poco de mi alma en tu destajo, es como si un mundo soleado cayera gota a gota en el misterio de tus aguas lilas, tu olor hiela, soy el corazón de lo que existe queriendo entrar en un corazón ajeno, eres mi caricia que busca su antiguo buscar, mi siempre que se encierra entre dos cuerpos al amarse, por eso quiero mirarte hasta que tu rostro se distancie de mi miedo, y que cada gesto que me beba sea el imán de tu recuerdo, que la memoria nos encierre, que el viento sea el centro de extrañas realidades, que diga, por ejemplo, que los suicidas son exploradores del alivio aunque la paz se alarga en ellos sólo por un segundo, que cuente por qué el silencio es cierto cuando sencillamente ya no está, por qué se acaba en cada caricia, por qué se abraza al grito de un lobo, y es que cada dolor es la marca de otro dolor en desuso, eso nos convierte a todos en arqueólogos espirituales, pero amor ¿ me aguardas caminando por mi fe de erratas ?, ¿ mis errores se saben mirar en el brillo de tus pedacitos de aire ?, y sin embargo nuestros besos se dividen en dos volúmenes, los de ella y los míos, ambos se duermen juntos en un sueño que nosotros no dormimos, no se quedan en nuestros labios pues hablan sólo con la mirada que los respire, y sucesivamente así nada rima con nada, hay malezas en el lenguaje de la piel, hay disculpas que no tienen lunas, meteoritos hechos como mitades de tristeza, por eso Rocío tiene razón, y su mayúscula vive en un mundo sin asideros, ella conoce la única manera de estar sola, y ser breve entre las cosas que unan o separen su vida, quizás por eso la amo a diez centímetros de su soledad puesta en la mía, cerca, tan cerca como para que cuando se acerque se mire y me mire al mirarse, nuestra intimidad será lo que el vació esconda el día de su muerte, debe existir un no regreso contigo y conmigo así de sabroso.