Ingreso a tus pupilas hecho una brisa abierta, transmigro por sus callejones oscuros, entonces tú sientes la sensible dureza de mi sexo, la noche es soleada en deseos de entrepierna, quieres retenerme en tus pechos, yo quiero sujetarte en mis venas como si fueses un torrente y así palparte la boca cuando tu alma esté húmeda, en ella suena un mar lejano, es el puerto al que amo, donde amanecen tus labios bajo mi aliento inmóvil, el orgasmo se coagula y nos sentimos innatos, tu ser es mi belleza cuando la materia se acuesta, cuando gimes en mi cuerpo la curva del amor canta, quisiera ser inacabable en el clímax de tu espasmo, en la línea traslúcida que se agita en un temblor extraño, cruzar el vello de tu pubis con un beso terso, entre reminiscencias que se condensan, plenos de hallazgos en el musgo de sus bordes, ahora te callas, y como un brillo suave languidecen secreciones mudas en la ternura mojada, la imagen se enfría, ambos nos empapamos de placer, tal vez es muy tarde, el vacío vuelve a crujir, el viento es un explorador de tibiezas, algo se sienta en mi corazón, le pone lentamente paisajes, mi brazo rodea tu cintura, busca las horas que se vienen con mi yo de ti, tus párpados cerrados aumentan en el núcleo de mi ausencia, un hálito cae con los tonos del adiós, se hunde y calla, el anochecer se amplía, meto en Rocío un chorro de caricias, resbala una silaba por sus caderas, se iluminan, la noche las transita, yo le doy la mano, pienso que la noche fue noche por ser un sol horrendo, y aquí estamos, en mi guarida negra, instalados en las únicas palabras por las que vale vivir las distancias muertas, hacemos fila para una fiesta de amor que nunca tuvimos, estamos al otro lado del aire, donde no hay eternidad, lo que tuvimos grita, y llega el alba... una lágrima se apaga en soledad, es la mueca de un dolor que se ahoga de tristeza.