Mi cuerpo es taller tibio para tu alma de piel, un vértigo en el sótano de una matriz caldeada, abusas de mis huellas digitales en tu aluvión vaginal, soy el amante de tus fogatas de entrepierna, mi poeta se hace volátil, lo inhalas, lo degustas, se encierra entonces tras el sol de tus muslos, se enciende el sentido de mi encierro, se hace la cópula, es cavernosa, me lleva a tu sangre, abusas del gemido de mi aire y éste se apaga, pones tu dedo en mis labios, los tocas como si fuesen una sola grieta, bebes su oxígeno mientras cae, mis caderas te sujetan, tu esperanza me espera, se apoya sobre mi orgasmo, mete vida en la abertura de mis voz, juntemos nuestras calorías como estrellas crujientes, como rompientes cósmicas en el murmullo del tiempo, pon un beso mojado en la brisa, haz un algodón para el ruido de mi libido cuando caiga sobre tu glóbulo abierto, devuélveme el borde de mi mirada empapada que borra tu dolor, tráela donde ningún pensamiento tenga nombre todavía, que el éxtasis lo saquee y me muerda la mirada, eres un vértice de amor que estrangula el espesor de mis caricias, una llovizna de convulsiones en lo trasparente de mi placer en tu rocío, te sacudes y el hielo del delirio me alcanza con su lengua, un satélite entra en la sed y nuestro contacto se dilata, te sientes ser en mi ser que te siente, gravitamos en las equis de la nada, tus senos retiran el agua helada de mi saliva tibia, hay un espacio destilado que tiembla entre nosotros, toca tus resortes besados, hoy habitas en mis movimientos, eres el gesto de tomar que vive en mi gesto final, un sufrimiento frío habla con los sentimientos, estos giran como un chorro de cenizas en lo más vacío de lo perdido, todo termina aquí, nos llueve sobre los huesos, lentamente los jamases vagan, caen finalmente sobre las promesas, uno tras otro, son como gotas de sabor, y se disipan en tus pupilas.