martes, 23 de julio de 2013

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Y el poro roto cerca de las tetas, y el alma de refrote cansado, las horas, con su sonido comprimido, el espasmo torvo que empieza a cerrarse en su deseo, alguien, la que susurra una canción con el color del nacimiento en los sentidos tibios, el revés y el derecho del amor en una corona plateada, hoy ama quien depreda sentimientos, apenas natos en pasiones grasas de hembras en delirio ero indómito, lúbricas, desnudas, boca a boca nutridas, tristeza: compuesto terrestre, pareces siempre enterrado, como si nos quisieras con un corazón de molusco, hoy conjeturo sobre ella, pero nada, sólo obsesivos residuos de fuego venenoso, cómo escribirte mi crisálida entremuerta, desencontrada descarga con sonrisa calefaccionada, actriz de cine mudo en tubos de ensayo vacíos, ternura secreta y sucia de sangre, sacude nuestra prisión de papel, sé que ahora me amas, toco el hueso de tu hermosura soltando vida, hay calor adolorido entre extremos lejos de nuestras extremidades, y yo aún no puedo abarcarte, muerte, enróllate entonces contra mis átomos sordos, que tu negrura sea esa luz oscura que entra en mi cajita nómada, para salir luego de mí en un temblor hecho de esperanza, así, de cuajo, sacarás todos mis desechos, esos que tanto la quisieron, fíltrate entonces, a través de mi niebla, y después, mucho más adentro, atraviesa mi grieta de viento, esa por donde siempre pienso en ella, destiérrame en un manto de piedras puesto en el último recodo de sus semillas, porque ahí hay un lugar donde ceden sus muslos, esos que yo siempre busqué para mis mundos de cal de luna, húndeme, ponme con su alma, a plena luz del día para acostarme en su recuerdo, y después, apaga todos los motores de lo aparente... de lo supuesto, vete muerta con tu paso cálido helado, ella mira nuestro encuentro desde un ojo lila, yo la veo como esposa de papel plateado, el resto... quizá sea nuestro precipicio íntimo... o una metamorfosis movida por el viento.