martes, 4 de junio de 2013

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Un instante obsceno se besa contra todo, se hace íntimo de los fantasmas de mi ombligo, sus gotas van rompiendo las cosas abandonadas de mi alma, empuña la suavidad de mi sexo, se llueve sobre las costuras que más pesan en mi tristeza, huele los cactus que hay en las habitaciones donde Rocío pasa, saturada de aburrimiento, cosecha segundos, erizados como orgasmos rabiosos en los estímulos, como ramitas que navegan en la mansedumbre que deja el oleaje cuando tus quejidos se abren a mi expresión, y adhieren sus rumores a mis huesos, mojados ambos, de pecho a consciencia, entre dos caderas que albergan un sonido disparado que se sacude, la tarde se inmoviliza, nos bebe, acude toda mi boca a tu pelo, toca la confianza inmóvil que está puesta en la división de tus pezones, la madrugada se me extiende en el rostro y se cuela en tu sonrisa, se satisface cuando mis sueños almendrados ya han pernoctado bajo tus párpados, el resto nos es maleza, un día que se sube por los pisos de nuestros cuerpos, como una pena fatigada de ausencias, no puede dormir, ahora nos estrecha en sus brazos, el sol crece en cada uno de nuestros poros, junta sus labios a nuestro aliento con sabor a manzana, ¿ por qué me miras así ?, bañas mi boca derribada en tus gemidos, en la vía los faroles cortan las sombras con su camino de fuego, hora de alejarse, la calle resuena al interior de las paredes, una parcela de realidad se filtra en las hendiduras de nuestro sentimiento que aún no se cierra, ya la creación nos ha sometido a sus leyes, nos envuelve en un roce que desgasta el corazón, los sentidos pierden su razón y forman dos exilios, dice una pregunta que quiere saber por qué siempre es una pregunta, dice el amor que la alegría ha declarado un final jamás oído, que éramos tú y yo girando sobre su eje, encerrados en un susurro que ya finalizó la travesía.