martes, 19 de febrero de 2013

129

De pronto, un gruñido, un bacilo, un protozoo, se trasladan como aves de corral entre mis frases, alguien entra en silencio y me abandona, rodeado por mis folios, en medio de mi escritura, en una espiral, entonces el aire queda tatuado, por tu ausencia, y me niega su sexo zodiacal, pero me resisto, como un resabio, como un pegote que late en la otra orilla...

- Llévame.

...ella me muestra su cuerpo con sabor amargo, es y no su mirada la que lo inventa, yo soy ahora sólo mica, una sustancia mineral, mis lagrimones son tachuelas, finalmente lacre roto, en ruinas, derretido, metido en aquella grieta del muro, ahí está Rocío, hecha de lodo para nuestro amor acuoso, muerta, como el enigma de una tristeza descubierta en el espejo, hecha de las veces que le hice sitio a mi sonido en su alma, entonces lo acuesto, como un chorro pálido, enamorado de su ombligo, ella sabe de un pedacito espeso en nuestros lagrimales, y pone el rostro ardiendo en mi poema que se une, suave, al fantasmita salido de un beso, está ahí, parado en su garganta, el viento se come el espacio a color de la ausencia, se traga al hilo miserable de nuestra unión para un sueño, somos inéditos de amor de algodón en la luna, a través de los siglos, al borde la palabra utopía, llenos de licores furiosos, bailando en la conciencia de un ángel, en su fisura para esfinges, en el canto de una leprosa, dame una migaja, un residuo entre dos hambres, penetra con tus teclas todos mis gestos, ponlos a la entrada del tiempo, para que busquen donde se aposenta lo que drenas conmigo, allí yace mi lenguaje perdido, en el momento en que tus bailarinas aplastan la clara de un huevo, y la música posa con la mano tuya puesta en mi corazón, despídeme así, vida, hazme morir como algo parecido a tu vacío gris, pon tu escenario más dulce junto a mi nombre.