martes, 12 de febrero de 2013

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Ella tiene un pequeño duende, un gnomo de familia, un fantasmita que será nuestro hijo, un pequeño espectro hecho de vocales, de historias hechas para amar bebiendo viento, con una armadura donde la traición se muera de llanto, como una joya opresora en una pequeña jaula, tendida en la humedad entre dos paredes, tú y yo saliendo al alba, en un pequeño corazón que dice NO, y abre su puerta, entonces soy yo mismo su niebla verde, tatuada con mis ecos, mis latidos aparentemente muertos, cuanto viajó de tu mano a la mía si nunca nos tocamos, el sexo fue una sombra alojada en una funeraria que nos decía que la noche era densa, que mi semen fue agua que cae al agua, una transparencia entre tus piernas que a menudo se mira y está sola, en ese lugar donde tiemblas, donde convulsionas hospedada de sexo, desde esa distancia empapada de entrañas, y mi deseo, que te hincha los senos, con nuestras almas que se cavan y cavan, y ponen sus bocas demasiado lejos en su soledad, ahí, como un retrato, como una postura encerrada en los párpados de un cadáver, ¿ mis difuntos buscarán el contacto de tu cintura ?, ¿ son tus llagas el frío que noto ?, eres sombría como mi luz, luminosa como todo el olvido que escribo para buscarnos, en el cuarto del ruido ahora hay una nube negra, eres tú que me contruyes, y mi mente es tu alga fosforescente, en la música, se suicida el alba en un lecho de amor, impúdica me cantas palabra por palabra, y luego ladras todo en mi dentadura, eres la loba de siempre, la que pone su voz para cubrirme el agujero que me respira la nuca, nos encontramos así, abrazados al unicornio de la techumbre, con los dementes muertos de ternura que se balancean desde sus hombros, que cuelgan abriendo la boca como un agujero sin fondo frente a su reina muerta, dame del delirio que tiras amor, para que se coma toda mi dulzura.