martes, 5 de febrero de 2013

127

Me gusta tu voz a la que nadie asoma, tu voz a clima húmedo que yo sentía empujado por tus piernas cuando ardían, y me asomaba a tus gemidos inagotados, y por tu boca pasaba mis aceites, como un instante de amor que se mojaba, lleno de minerales, diluido, activo para algunas partes de tu cuerpo, vivías en mi arrebato, Rocío, amante manchada de labios, empujada en ellos hasta mi carbónico delirio, ahora te me apareces como la niña de tu niña, clavada en el vacío, para que un orgasmo no dañe mi mundo del no ser, ese que tú y yo hemos colgado con nuestra libertad, con nuestro espacio dedicado al sueño de unas brasas, a un amor que muere como un héroe, con su teatro vacío, subiendo, temblando por un lugar donde escuchar al estómago en el hueco del adiós, pon tus manos en mi cuerpo sudado, lluévelo, ráspame con tu belleza de piel, esa que sabe quién soy yo, ponte detrás de mí, limpiame el todo o nada, con lo mío en silencio, escondido trás el cortinaje, mi muerte ya no me pesa si tu mundo me da dos gritos, ese es mi propio pulso, y se nubla cuando lo tocas, porque le falta levedad, quiere vagar sin cuerpo, eres su piedra con una huella de sol infinita, y escupo odio en el pena, y caen hojas secas a tu alrededor, palpitas, eres ésa que sabe amar en una estación despejada, cuando suenas en lo suave que hay en tí, tan promesa de lo que fuiste, yo te como el cuello en el cielo, y meto mi desierto entre tus senos, danzas entonces, en el brillo, para perfeccionar mi costado más triste, para que escriba los versos más violetas cuando tu pena esté en el atril, mía, hay un pajarito con tetas que nos mira, se abre un planeta desde un corazón inerte, cae el olvido, es una sombra que vive sin pensar, sale sucia, besada sobre un vaso roto, ahí estamos los dos, desapareciéndonos, dejándonos... pero vuelvo a ser yo...como un pedazo de tí.