miércoles, 30 de enero de 2013

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Sólo la luna sobre nuestras almas cariadas, gaseosa, nadando como un envoltorio en nuestro amor sumergido, a cúpula cerrada, amor de uva caída, racimo desprendido en las sombras del cielo, si esa mujer que vuela bañada desde el estuario del firmamento, se abriera entregada al aire que me rodea, si tú, Rocío, te metieras en la música, y ocuparas con ella todo el ancho del mundo, sería entonces comido por la verdad, y se desordenaría mi memoria con el pulso lento de tu cuerpo, yo sería como tu rostro, una idea con calor hecha de agua, amor, ¿ debemos reprocharnos acaso el querernos porque nos hemos buscado en separaciones ?, ¿ debímos aprender de la lejanía de nuestro desencontrarnos la prueba de cada encuentro anterior ?, si me hablas en tus palabras, nos va a nacer un hilo tenue, parecido a ceniza celeste, suave como tu vientre, esas caderas desde las que veía tus mejillas como dos manzanas, y me quedaba así, besando las raíces de tu árbol, para serte mojado de deseo entre tus dos orillas de mar desconocido, entre ese jugo de sales con el que tú podías cambiar, y volver a mí tanto como fuesen tus orgasmos, qué cercana distancia cuando nos dimos carne de nacer, ¿ me buscarás aún mañana ?, abreme la boca, descubre nuestra lucha inacabada, allí encontrarás algo que te dice "¿ dónde acabas, vida ?", y seré yo, desnudo a contrasol escribiendo este libro que arde, pues yo ya no me reconozco sino en tí, a la que no conozco, hembra en medio de una página limpia, eres más de mí que yo en mí, y tus pies arqueados... ¿ los existo ?, ¿ son un péndulo ?, ¿ un espejito hecho pisada ?, aquí te dejo, al alba, porque estás hecha de todo el mundo en que te posas, y tu ombligo es mi lago para ciertas noches en que empiezan a asomar mis besos, entonces... ya no habrá barca, sólo un cántaro fresco donde no se pudran nuestras mentes, hablemos asomados tú y yo al oído, sabremos bailar juntos piel a piel.