Dime si puedes amarme en el irte de mi renacer, toda la noche en la textura de luz que mi mano hunde cuando cubre tu mejilla, si puedes, amor, llegar a mi lugar callado, y entonces, poner en tu lengua mi voz ausente, para sentir que estoy contigo al mirar el reloj, que escuchas mis labios en las palabras que escribo, rancios trozos que no pueden abrirse hasta llegar adonde tú acabas, ni pueden introducirse si estiras las piernas cada tarde como una promesa, como quien alza su siendo desde un palacio de entre piernas, como si describieras tu ayuda a mi escribir palabras con el sexo, mutuamente espiada, y clavada en mi mente como una chica llena de sombras asombradas, con rueditas de pena colgadas al cuello, como trozos de larga espera, niñita, soy la única sombra que visita tu ausencia, ese crío que estimabas fallecido por efecto de la popria oscuridad que le has metido entre dos gritos, Rocío...quiero existirte más allá de tí misma, allí donde viven tus desaparecidos, esos hombres en los que ya no crees, porque en alguna estación has dejado tu ahora, y ese tren no es otro que lo que te piensas sola, entonces, te tocas los pechos, y tienes unas ganas de llorar que se va siempre limpia, como una vocecita que da a luz a su aire, ese que pasa ahora por tus párpados, como el rumor de una sonrisa húmeda, pero, ¿ por qué estás tan callada ?, hoy coqueteo con la muerte, y su gesto soy yo, esa soledad tuya de tiempo giratorio, que se une a la última letra de la palabra ternura, y que es la primera en el cuerpo del adiós, sí, tu y yo estamos ya, adentro, vocablo a vocablo cubriendo nuestros agujeros de ausencia, ahora es cuando alguna vez te quedarás como quien se va, ahora es cuando puedes querer al miedo del amor a la muerte: pero no sabes amor, que es muerte por amor la muerte del miedo.