miércoles, 18 de julio de 2012

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Unas tetas de madre treintañera, que para mí nunca son ambiguas. Me acostumbraría a sentirlas como ráfagas de historia.
- Me gustaría derrumbarme con ellas delante de tí...
Serge pensó entonces en los silencios de una minifalda. En meter a Rocío vestida en la cama. Hacerlo con un beso en la boca. Y desde su escote, pensar en ese útero inaccesible. Husmear sus estelas cuando se marchan al corazón.

Hay un poeta de verso enternecido ahí afuera. Aquí estamos, el diario y yo. Cuando sentimos un escalofrío, nos preguntamos si acaso no será mejor desenrollamos de la risa y caminar descalzos por la arena. Con estos actores, hasta podría escribir un bolero en alemán. Uno que hablara, por ejemplo, de lo complicado que puede ser un amor breve. De lo que se siente al levantarse e ir al baño para contemplarse largamente en un espejo, y verse muy pálido, despeinado. Después...esa mirada maligna. Acorralada en la cama. Todo ello me hace perder la cabeza.  Ella retuerce las piernas bajo el vestido.

"Mi soledad es como un cero
que vierte sus dolores ingenuos
ellos retornan sonando en la brisa
quieren tu sonrisa
meterse entre tus dientes abiertos
poder amarte ha sido como correr
no sé donde en una noche soleada
y tener la extraña sensación de sentirme innata"

Un sacrificio agoniza en cuarentena.
Hoy huele a rata muerta.