martes, 10 de julio de 2012

97

Es de noche en la ciudad. Un ritmo entrecortado se cuela en los muros y acompaña a Serge.
- El pasado es mi colección de silencios. Hay en ellos unas partículas que callan. Son como provincias de mi mutismo.
- Uyyy, Es una fea herida.
- Amo a una muchacha que es un cielo. Pero le pica el alma. Sufre de un mal. Yo lo llamo "el unipórtico de la tristeza". ¿ Sabes ? La tristeza puede ser un dolor invisible si nadie te ve.

Rocío había suspendido toda esperanza e instalado en el alma su repertorio de ausencias. Siempre vivió rodeada de tramposos. En su entorno, hasta la palabra "adiós", fue tratada como en un festival.


Serge nunca esperó ver caer charcos de amor por las chimeneas de navidad. Sabía que el universo era una juguetería clandestina que se le metía en el sueño a Dios. La tierra ni se asombraba del cielo, ni el cielo de la tierra.

- Oye, ¡ conozco un desinfectante para las tajaduras de amor !
- Nada joder, que yo me las se limpiar bien.

Total, el mundo es como un gran escaparate lleno de corazones ajenos. Y los contemplamos casi hipnotizados sin saber que son los nuestros.