lunes, 9 de enero de 2012

70

- Una prostituta no tiene por qué arrepentirse del pecado menos original.
Un buen útero, tierno, como hecho de pan. Una sombra precipitada, tiránica. Ahí he puesto mi rostro y besado abriéndole el alma.
- Y yo que creí que te interesabas por mi cuerpo, no por mí...
Dos piernas gemelas, húmedas cada mañana. Camino hacia tus minerales negros.

La noche sufre.

Corazas de latón para cubrir tus aceras. E islas del recuerdo en las profundidades de piel.
Rocío, mi partidaria. Sin labios para recoger ese beso donde decirme "nunca".
¿ Para qué tanta vida ?

Un instante sudoroso. Nada. Una mujer hija de la harina. Que ya no regala mariposas. Ha de partir y formar fila, cansada de aquel amor que no sucedió. De preguntas de turno, en hombres que parece nutrir.
Y ya en cama, hay que pasar por la cárcel antes de irse a dormir.


- Maldita sea, ¡ aún sigues intentando destruir tu belleza !
- Serge, tienes esa atmófera que tan solo se encuentra en los acuarios.