martes, 27 de diciembre de 2011

68

Lo hicimos ahí mismo, contra la biblioteca. Y estaba el aire de tus ojos próximo cuando me mirabas. Como un barranco húmedo se extendía en una lámpara. Era una espada de tu corazón en la brisa.


Un patio barriobajero. Una mujer aturdida, engreída sin saber bien porqué.
- Y yo soy un poeta...Un tótem caído, amor.


Rocío lanzó su sombra sobre mi corazón.
( Que pura eres, desplomada y de noche. Con esa nariz de mujer solitaria ).
- ¡ Eres alucinante, niño  !


Ceros cayendo desde la retina.
Serge, con hojas en el corazón que resbalan de los árboles.
Esto es por tí.
Para posar mis manos en tus ancas. 
Y mis palmas absolutamente frías.
Y escribir sobre tu nalga de papel.
Y en su aspecto de sexo manoseado, subir mi boca a tu exilio.


En este momento, tus pechos me llaman a explorar las uvas y su sal.