- Y bien, ¿ hasta
cuándo crees tú que podremos seguir engañándonos
?
Rocío, anduvo
con sus manos en el recuerdo de mis
manos...
- Por
mucho tiempo, aunque me ardas.
Serge entraba en ella con el corazón convertido en el
techo de unas casas sonámbulas.
( Las preocupaciones siguen siendo el enrredo de
nuestras redes confundidas, amor).
- Explícame esos dedos que me navegan cuando se aprietan
nuestros cuerpos. ¿ A qué distancia se queman en mi climax
?
Una nube.
Y aparece la luna. Ella se duplica en la sombra.
Y yo también,
con mis venas dentro de mi tiempo. Estás aquí. Con tu nombre que repito hasta
que se me haga paladar. Hasta que el blanco de tus pechos se me haga una madrugada
para llegar con su estaño a la profundidad del
sol.
- Un beso
parta tí, respondió.
El aroma pasó almando el aire. Volando, abría los brazos
para soltarme su afecto. En la frente me penetraba, con el efluvio que bajaba de
tí.
Y entonces, me
dieron ganas de escribir una carta en tu
vientre.
Pero una caricia se durmió con sus alas
acostaditas en mi boca.