martes, 20 de diciembre de 2011

67

- Y bien, ¿ hasta cuándo crees tú que podremos seguir engañándonos ?
Rocío, anduvo con sus manos en el recuerdo de mis manos...

- Por mucho tiempo, aunque me ardas.


Serge entraba en ella con el corazón convertido en el techo de unas casas sonámbulas.
( Las preocupaciones siguen siendo el enrredo de nuestras redes confundidas, amor).


- Explícame esos dedos que me navegan cuando se aprietan nuestros cuerpos. ¿ A qué distancia se queman en mi climax ?


Una nube. Y aparece la luna. Ella se duplica en la sombra.
Y yo también, con mis venas dentro de mi tiempo. Estás aquí. Con tu nombre que repito hasta que se me haga paladar. Hasta que el blanco de tus pechos se me haga una madrugada para llegar con su estaño a la profundidad del sol.
- Un beso parta tí, respondió.


El aroma pasó almando el aire. Volando, abría los brazos para soltarme su afecto. En la frente me penetraba, con el efluvio que bajaba de tí.
Y entonces, me dieron ganas de escribir una carta en tu vientre.


Pero una caricia se durmió con sus alas acostaditas en mi boca.