martes, 6 de diciembre de 2011

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- Quien vive, dije.
Intrusión de lo menos interno a lo íntimo. ¿ Acaso una carne de gata ? ¿ Un beso recibido en agua ?
Me afeito ante mil espejos donde resbalo como una piedra perdida. ¿ Cuantos centenares de años vive Rocío empotrada en la hendidura de una roca ?  Pero su vientre aparece. Y se me da como en ninguna parte...
- Serge, amárrame al movimiento del pecho que tu amor golpea. Quiero sentir, en esa sola puerta, tus coros en movimiento que aletean y vienen a mí...


En la calle se exhiben historias para mujeres que tengan las nalgas muy rosadas. En una pileta, un cisne de espuma y sangre revienta su panza de tanto nacer.
Se venden corazones de espejo que murmuran como un sauce inclinado sobre un río.
A los pies de la iglesia una muñequita de papel se levanta a orillas de un océano vacío.


Una canción tiene sus huesos desparramados en la ternura de la nieve.
Otra herida se esfuerza por leer en su llanto mientras que al color del nacer le faltan algunos rayos de sol.


Lejos, hay muchachas que menean sus intimidades.
Y llevan las axilas desnudas.