Aunque no hubiesen diferencias entre un dentista y un poeta, aunque los marines instalaran su consciencia en una chispita cielina bien oliente y hubiese agua de colonia en sus sonrisas, sin ella, hasta el mar me sería como una gota.
- ¿ Por qué no te unes a nosotros ? ¡ Basta de correr ! ¿ O acaso cada gesto tuyo no desencadena ya una catastrofe ?
Serge cerró su libro. Era un extraordinario texto de versos redondeados. Impresos en el arte acompasado de rodar sobre una alfombra de ballet.
- Vivímos en un mundo falso e inútil, por eso no me gusta levantarme temprano por las mañanas.
Se hallaba sentado, entre seres ficticios. En la existencia permanente de un lirismo lleno de huesos. Como el símbolo prisionero de una belleza en el ano.
Era un comedor donde llegaban rosas mientras el leía sus líneas para que nadie se las secara.
En sus labios, vivía la escultura de Rocío, como una espina.
Había una sala desierta por donde pasaba un río que impregnaba los pulmones.
También se vendían brujas al interior del cauce de sus ataudes...
- Eres un tonto por ponerte a escribir hoy.
( ¡ Y eso que sólo estoy situado en los cimientos de la lluvia ! ).
"Así navegamos
juntos en un solo silencio
en la pequeña choza de nuestros pedacitos
Solitarios
que alguna vez no se van a juntar."
Pero es ya hora de la distancia trás mis ventanas obligatorias.