miércoles, 9 de noviembre de 2011

61

Hay un poema estirado en lo alto del refrigerador donde Serge va y deja sus latas de cerveza. Son versos que no pueden recoger las semillas de voz aérea que han vivido mil oxígenos.
También un reloj por ahí, lo apunta con sus armas.
Hay agua como una estatua congelador adentro.
Los vocablos hacen cola. Hay un imán en lo escrito por vencer.
- ¡ Soy la próxima, soy la próxima !, dicen las letras.
Y saltan unas sobre otras.


Juntos tú y yo, como miles de calorías. En la trama de esos tejidos de palabra incesante. Derrepente un trébol roto en los mechones de un borrón.
Los acentos parecen pelucas que nunca llegan a la palabra "amor".
Cuando los cabellos de Rocío se mueven, se escucha música clásica.
Los marcianos pasan volando sobre renglones hechos de arcilla. ( En un borrador ya tendremos espacio para tí y para mí, ¿ vale ?  ).
Dos puntos juegan ping pong entre paréntesis.
Hacemos una pausa sobre una definición que se inunda de silencio.


Chocan un auto contra el otro. Necesito una ambulancia para los vasos.


Cae una gota sin alcohol sobre la hoja.
Enegrece.
Es una confitura muerta de ternura.


Tu cariño se derrite hoy en el espejo.