martes, 4 de octubre de 2011

55

- Deliras, palabra.
- Ya no aguanto más. ¿ Me oyes ? Ahora me visto y me voy.


Eran las doce y media.


Rocío abrió su pecho que le ardía tocándole el techo al mundo. Oprimió entonces sus labios como dos muros secos. Prensó su boca empujando al recuerdo encerrado como un animal herido. La saliva se parecía a una novela de tapa dura. Se llamaba pesadilla.


- Maldita sea, ¿ alguién quiere un trago ?


Eran las doce y media.


- Quizá deba meterme a la cama con mi alma, dijo Serge.


Ella desnudó su carne en un silencio de uva. En su frente, algo le dice: "estoy sola".


Él sintió que su estómago estaba roto. Unos lingotes de sangre caían en silencio. Eran gotas de flujo con perros y pedazos de soledad.


- Quita este cacharro asqueroso de palabras y marionetas de mi vista, me dijo. 



Una manzana atascó mi inspiración y cerró, como una princesa, la puerta de la cocina.