miércoles, 12 de octubre de 2011

56

- Quiero entrar a cambiar las sábanas.


Y no querer trasladar mi imán. Ni tocar las semillas abstractas de su recuerdo. Ni las voces vencidas por colas ennegrecidas de tiempo.


Rocío.
Ella siguió mirándome. Y yo, sentado desde la hierba, seguía sus piernas.
Y me dijo:
- ¿ Quieres verme las bragas ?


Hay dos copas de ternura amarilla. Dos nalgas que se comunican de una existencia a otra existencia. Y una única y acosada ternura cuando ella levanta su vestido. Y sigue con él subido.
Su trasero es un deslumbrante movimiento.
- Vamos a dar un paseo.


Está Serge y su esencia de agua que dice:
- Enseñame otra vez las bragas.


No hay nada más enterrado en un beso que un trasero. Con esos banderines colorados de deseo. Con esas fuentes de jabón espesadas por jugos de entrepierna.
- Vamos a tumbarnos aquí, dijo él.


Sólo quedan pupilas pintadas con gestos precisos. El pelo, y cuatro labios que se tocan.