martes, 18 de octubre de 2011

57

- Es usted nuevo aquí, ¿ no ?
- Vivo arriba, soy poeta.
En los lejanos patios de mi boca, todo lacrado saliva adentro. Esa noche, Serge cerró el bar. Unas morenazas, hablando y riendo, le gustaban.


( Limpia mía, Rocío, desciéndeme la soledad con tus pasos de polvo ).


En mi sitio de sombras, el silencio freía su filete.
En el suelo, una botella de whisky.
En la cama, un vaso de papel. La ventana me hizo un sitio.
- Te amé antes de oir el primer sonido en la estela de tu alma...

Un corazón. Viudo inconsolable que se hace el muerto. ¿ Qué libro llora en tu momento ? ¿ Cuelga aún lunas para que hiele en tu camino ? ¿ Qué aspecto tienen los escritores ? ¿ Y si de pronto una pintura necesitase amar a una ramita que ha caído, sacudida, por tu cuerpo ?

Se desvistió y se subió a la cama. Desde ahí podía ver las luces de la ciudad. Un cajón, o una nave. O una jornada de ocho horas.
Terminó su vaso.


- Cariño, muero cuando nace la hora en que te amo.