- Tu recuerdo da sombra a mi corazón. ¿ Y cómo será tocarle el costado y deshacerte ?
Rocío, empolvada de sol. Ella camina con la patria de pechos altos. Con los patios de su boca para estallarme en la saliva.
Serge está con los ojos inyectados de novelas enteras que andan en sus pies y por sus manos. Son esos sus pedazos. No tienen otro dueño que la calzada de la ausencia.
En los toldos la alegría desordena soledades. Llena la distancia a cucharadas de piel. Transito. En el paladar, el olvido me crece. Y pulsa a litros mis paredes del vientre.
- Almando en un tintero... das como alegría de goma, Serge.
Afuera el amor escribe cartas al sol. Éste, se arranca la palabra libertad como si fueran virutas de aserrín. Las penas se bañan en un profundo latido. Rebotan sobre la arena.
Entonces, llueve absolutamente cuando un fotógrafo clava de rejunto a una pareja que tiene los pechos algosos.
Se escucha un tiro si la esperanza comienza a respirar.