El silencio buscaba su tiempo primitivo en las piedras.
- Y yo exploro el sonido que el líquido hace en tu amor...
Una jaula vacía quemada en su piel.
Serge que no termina nunca de llorar.
Mujeres con ojos de serpiente mientras la luna engorda en ellos. Tomadas de los brazos, aprietan sus piernas.
Atardece en los pezones que cuelgan de los ramajes de la plaza. Un rayo callado incendia los castaños. Se escucha el orinar de la lluvia como una eyaculación al oído.
Entonces se apaga el sonido del viento. Y su miel es delgada.
Rocío ve pasar a los perros con aguas asiladas en las caderas. Sus ojos arrojan lo sobrante. Por donde ella mira, vierte la ausencia de sus residuos.
Hay un espacio solitario que la cubre.
- Creí que te ocultabas entre los ruidos, Serge. Pero el silencio me enseña que eres sólo el fantasma de mis palabras. Mi casa son todos tus caminos.
Hoy diluvia sin corazón.
Se cae la niebla. Y se sienta sobre mi cuerpo.
- Quisiera vivir siempre como algo omitido en la boca de un muerto.