Su alma es capaz de envejecer los trajes recién estrenados. Es un maniquí extranjero que veranea en un extremo de la mesa. Su amor se amplía.
Serge en un clic: como última señal de su nombre.
Y el autor, cual insecto en su mapamundi. Acodado en momentos de tintero. Como un arqueólogo que sueña con esas fuentes para brillar en ellas.
Prosigamos.
Permanece horas enteras en silencio. Calma borrosa. Inmovilidad que ya nadie recuerda. La alegría burbujea. Trata de inventarle sonrisas. Nadie espera una llama negra al filo del mediodía. Hay fantasmas que se pasean por sus labios. Besos blancos producen picazón con ese sentir.
Viene Rocío jugando a la ronda alrededor del cosmos.
( Pero cúbrete el rostro... y llora, vendrás a mí con esa voz apenas coloreada ).
Son bellas las cenizas que permanecen en su reputación.
No muy lejos, un niño se enamora de un pájaro pintado.