Una constelación que no está en mi carne. El amor como un vaivén insensato de mi mente.
Serge y Rocío en esa tierra inferior cercana a mi poesía.
Hay pueblos escritos a la velocidad de la luz. Personajes que son frescor y ruedas -al nivel de la carne- de mi vitalidad. Ellos existen, no yo. Son un rayo que no cesa en las rutas del alma. Que incuban los espasmos de mi corazón.
- Rocío, le canto a tus canillas. Ciérrame imitado en un cartón.
Y ella arroja el agua de mis letras en blanco. Y Serge, se pintarrajea la cara. No salta del edificio, pero cae en un barril de almíbar. Es una cama con peras eléctricas en sus cuatro costados.
Sentimientos: no importan las razones. Ellos nacen porque el estrangulamiento de la vida abre su espíritu y lo vuelve a cerrar.
Desde la azotea, el sol ablanda las nalgas que las mujeres dejan sobre el asfalto. Hace demasiado tiempo que la metamorfosis pasa por su vulva. Y que el coito es su vivienda.
Afuera, pasa un periodista y me escupe.