lunes, 2 de mayo de 2011

20.

Rocío, un cero disimulado en el infinito. Mil pasos de tiempo y espacio caídos por los bolsillos de mi campera. Su rodilla saliente es brisa húmeda para las retina. Por eso, amo su interior marcado con mis dedos.
Hundirme y tirar del ancla. Arañarle los tallos para verme girar entre sus ojos.
-Acá, amor... sí, acá.
Su vagina es un trozo de algodón y yo, una pluma.
Deseo. Pensemos en los dos. Déjame resbalar por tu chorro de lágrimas. Que suene nuestro amor. Que se amplíe a un costado de las caderas. Desciendo a tu inquietud. Allí, rojas alegrías brillan en la fuente de labios que escalo.
Aquí estoy. Tus muslos se abren, ahora.
Son mi ventana.
Saberte viva.
Conmigo...
Te debo lo que soy.
Ahora me rompo, desde tu piel.
Déjame traspasarte el alma con la sonrisa.

Ya.
Arremeto.