lunes, 25 de abril de 2011

19.

Muslos enlunados y sólo la sed. Su palacio enjaulado.
Hoy ha tornado su respiración al lenguaje de lo que hay en mí de ella. Docto de sonidos orgásmicos. De caídas que no saben qué hacer con tanto no querer. Irme al peso de su fondo donde mis espejos se rompan porque la amo. Aguardar en la triste espera de una palabra. En ese lugar donde la amaron epilogada. Donde los gestos primarios se gastaron a fin de entrar. De entrar y no salir más. Quiero adorarla ensimismado de lo que vine a buscar. En su último orgasmo ser azul mientras ella me llueve. Y meterme con mis sueños abiertos. Ella desnuda.
Alucinada.
Pero el agua me moja de noche.
Y su poema se derrama. Y yo la pronuncio. Rocío.
Las palabras tienen espacio. Y hieren.
La muerte habla con su leche.
Su último mensaje: si tu sexo me viese llorar lo estrecharía contra mi pecho.