Desamor. Goteras. El techo y los cánticos como manchas venidas de mí. Estoy solo y un cortejo de golpes incrusta sus damas en mi corazón. Sobre la cornisa, algún “tal vez” me mira como quién se va. Contemplo mis dedos tratando de explicarme la mano.
Serge sobre su querido cuerpo. ¿ Qué hace de él ?.
-Esa mujer fuí yo, dijo la sombra. Voy unida suave, tan estrechada a tu pecho.
En la penumbra, grandes charcos vagabundos. Islotes volando sin ruta. Ombligos sin itinerario de amor en el ojo. Alas de lluvia en los vitrales. Máscaras encerradas. Hasta el fondo. Contra la niebla.
Rocío es un papel pequeño que anochece en la poesía. Fechas y lugares ya han pensado en todo. Por carecer de antenas, colores enemigos se me unen en la tragedia. Un estremecimiento. Es la musicalidad diciendo su nombre. Luego, la mujer se despoja del sudario.
Espacios ausentes...
Con una esponja humedezco el soplo que se me mueve en el ojo. Mis latidos flotan en el río. Se hacen beber. Respirar.
Tranquilo; que se me perdió el alfiler de la corbata.