El poema se convirtió en muñeca. La muñeca es todo lo interior. Ante el Palacio de la Gobernación, Serge remolcaba estrellas. Una mujer, Rocío. Un hombre canta frente a un coro de ahogados. Y miro al cielo. Y hay rocas negras. Y hay ángeles hechos de vocal. Sueño con fantasmas bajo la lluvia. Llueve en las calles -que son el esqueleto de la gente-. Entre los hombros se distinguen narices con ganas de toser. Las ideas son un puré nocturno. Las costumbres nos tejen, diariamente. ( ¿ Cambiar la vida o cambiar al hombre ? ) Hoy, me van a morir unos exilios de baba oxidada. Llorar es cómo caer en un círculo opaco. Ya es tarde. Ella es un abismo. Mañana, al menos, mis pasiones no serán epilogadas. No me consuelo, pero la veré. Me coge. Vivo en peligro. Más tenazas. ¿ Habré sabido qué cosa es tardarse en el asfalto ? Trópicos solos. Son mis llaves. Bebo. Resabio fósil de tristeza.
Una mano pequeñísima que mora en una sílaba, sale a decirme: NO.