miércoles, 13 de abril de 2011

16.

Su infancia fue un perfume acariciado. Suspiraba bajo el llanto de sus deseos. Serge ingirió toneladas de bicarbonato. Quizás mejor un plato de sardinas. Su estómago era un collar de perlas. Rocío andaba en el pedicuro. Sus pulmones se impregnaban, pero arriba de la asfixia. Una oquedad maciza lo invadió. Y sus palabras brotaron. Cariadas.

“Querida Rocío:
Si te atreves a presentarme tu sed yo beberé de tu ausencia. Mi amor será tu ángel de espuma”.

Seguro que hasta las momias usan zapatillas. Y que la muerte les canta construyéndoles casas hechas de tiempo.
Ahora nacen mundos de piedra para que los habitantes los besen.
El agua sonríe...

“ Querida Rocío:
Hoy humedecí palabras que se me dormían en la garganta. Después, formaron fila para morir por tí”.

En el ropero yo siempre escondí mis tranvías.