viernes, 8 de abril de 2011

14.

Corredores en las aguas de la ciudad. Socavando las tinieblas, le arrancan insectos. Con sus ventanas abiertas, envueltos en lo derruido. Entre turbios gritos. Quejidos lacios. Voces laceradas de hastío. Y la noche, macerada. Amiga del comercio. Y Rocío. La quiero ahora en la sala. Porque ella soy yo que se finje. Palabra por palabra, escribo en el color sin párpados de quién la busca. Bailo trás los músicos. Abrazado a un Unicornio. Confinado a recogerme en la orfandad de los objetos.
Soy un niño que tuvo el pecho frío. A fin de entrar en él, cada vez que amo, formo gestos que se buscan en lo glacial.
Rocío, ella es mi interior. Nadie fue un sueño. Dame tu mano. Quiero tus sombras poseídas. Calientes. Cédeme más nubes. Y tu vacío animal. Pondré flores en tu memoria. Tocaré tus ideas negras.
Me caigo en tu caída.
Oigo voces.