Las calles se agachaban bajo las casas. A veces, se daban de narices contra las puertas.
Los sobacos de los mercaderes toman el sol.
Por favor regresa. Quiero vivir en la orilla del despertar. El hombre que tu rostro amó usa una máscara de lluvias. Si me vieras, soy ese lanzador de cuchillos. Soy el fantasma que se pega a tus labios. Tu viento amontonándose en la niebla cuando el verano es plaga que amarillea.
Pero el aire se eterniza junto al silencio de Rocío.
Ella sí, no yo, yo la amo.
Y morir a puertas cerradas. Morir de recuerdos, morir de idiota. Morir cruzando la calle. Morir, sin saber donde dejar los ojos.
Morir, pero preparado para vivir.
Serge, quiero tu música en mi sexo. Náceme dentro de un orgasmo. Unta el dedo en mi respiración. Haz ruido en mis labios. Llénalos de cuerpo, de boca abierta. Enciérrate en el olor de mi pasión. Mientras, yo perderé el conocimiento en tu ternura.