No esperes la fama, Serge. Ni que babeen en tu tumba. El mecanismo de existir, es la única prueba de tu presencia. Ya está bien de soñar con tus gestos bajo tierra. Mi poesía es la posibilidad del rejuvenecimiento. Soy poeta. ¿ Qué me impide convenir en que el amor sea tan narcótico como la muerte ? Yo al menos no paso frente a la felicidad con un sexo mercurizado, distraido. Sobre el muelle de unos genitales femeninos, toda nariz lleva la trayectoria de un cohete. Una caloría sabe como atravesar sus mallas. Un lunar en el seno basta si tiene el itinerario de una reunión de prostitutas.
El numem. O un sifón lleno de musas...
Este callejón no es para babas de esgrimista. Aquella mujer, por ejemplo, expone su mueble viejo por las esquinas.
Sus caderas, y ese poste telefónico: no hay ternura comparable.
Rocío, “debajo de tu vestido hace el amor un yo caminado por mí”.
En la otra esquina, salen del “sombrilla de papel” algunos hombres que abrochan sus braguetas.