Un vacío tibio. Un espacio bien pensado. Y mi boca es la conjetura de mi pelo.
Soy Rocío. No quiero ir nada más que hasta el fondo de otros labios. Hay en mis besos una cisterna de silencios. Y en mi lengua, otra orilla de amor pujante. Son lágrimas. Esas que amarillean mis ojos de buscona. Tanta criatura que cabe en mi vaso vacío...Tanta niña que se abre y se cierra. Tanto gemido, en la puerta del viento.
Casi siempre estoy húmeda. Sombra y sombras en mi casa de comercio. Los ausentes soplan grismente. Aquí, como dice Serge, "toda la noche haces la noche".
Me abandono, lentamente, como agua. No es hallarse. Es un ladrar y morirse luego. Sí, en esta matriz hay una reina cavada.
Pasa un cuarto de hora y mis pulmones sin cauce. Y la inocencia, exhibiendo el trasero.
Rocío. Nuestros límites vuelan por el aire. A través de las paredes, entran tus piernas. Nuestros destinos familiares. Egofluvio en callejuelas.
Rocío. Nuestros límites vuelan por el aire. A través de las paredes, entran tus piernas. Nuestros destinos familiares. Egofluvio en callejuelas.
Pero sobre todo, la luna, a pasos de un lago de senos.