jueves, 23 de diciembre de 2010

3.

Un café lleno de vientres vacíos, iluminado por un cielo de formas deterioradas. En él se suceden, distorsionadas por el humor, las más variadas representaciones de un mundo abierto a la aventura.
Y los muros son transgresibles como gotas de agua en una ventana.
Una pareja de enamorados desnudan su mirada por todas partes. Con lentejuelas entre ojos y el tono fatigado de su respiración gris, se espían las madrigueras del corazón. Mientras, ya ha pasado un traseúnte que ha cerrado la puerta.
Y Serge. Y su capacidad entusiasta de contemplar como se muere de orfandad. Ese poeta que descubre por primera vez el orgasmo, la jirafa... o a Venus en una lapicera. Cortapapeles, ceniceros, o la hormiga a media luz.
Sus labios eran tapices de azúcar entre gemidos con sueños de esperma. Las lenguas, almohadas donde se echaba el alma, resquebrajada, a descansar. Donde se tocaban sus orillas las salivas entre cantos ahogados.
La ansiedad por el mundo estaba sumergida, predestinada a ahondar el silencio.
¡ Labios de mujer, esos barrios/ventana !
Serge, el destino es la única ciudad viviente que sonrie cuando las criaturas del otoño la abandonan en silencio.