Nochebuena.
Un circo en el rincón del lenguaje perdido del momento. Sonidos calientes. Un par de ebrios sentados en la escupidera. Sobre la vereda.
Habría que ordeñarme las pupilas para recordarla sin cesar.
Serge, el chulo con los pantalones lustrados al betún.
¿ En dónde estoy ? Se me abren los poros como ventositas cuando los árboles me peinan. En el cielo, las estrellas respiran con alegría animal. Y yo, sin Rocío.
Mientras, las chicas me arrojan sus senos como salvavidas.
Aquellos hombres se hurgan entre las piernas en un diálogo que se refleja bajo las bombitas de luz eléctrica.
Pasan dos automóviles, afónicos.
Rocío... no vayas a creer que no estoy vivo.
Miro el asfalto humedecido. Siento la tristeza de un par de medias tiradas y sin eco.
Llegó la ceremonia del vivir.