domingo, 26 de diciembre de 2010

5.

Las chimeneas, cansadas bajo grandes charcos de sombra, son mis fluidos. Mi vicio gris.
¿ Cómo emigrarme de mí ?
Serge, caminaba, adhesivo. Con lodo en sus poros y la hemoglobina al hidrógeno. Con su corazón cariado y la pena gaseosa. Imaginó una muñeca entre trapos y biberones. A su lado, brotaron un par de monjas que lo sobrepasaron. "Estoy entre los ruidos de la vida", pensó.
- Con sus creencias caídas...
- ¿ Pero qué dice ?
- Monjas caídas del cielo. Hincadas ante el crepúsculo.
Ambas mujeres fueron perdiéndose como una bandada que se precipita en el silencio. La calle se hizo de sus voces y ya no se las devolvió. "Esto es un cementerio de ventanas".
La luna se recostó entonces sobre las piedras, pero las piedras pensaron que tenía sabor a sal.
"La noche, de nuevo la noche para compartir mi cama".
Serge percibió la fisura por donde el deseo lo rozaba.
- Rocío: tu corazón ya no habla con nadie, tu lenguaje está en agonía.


Y en esa oscuridad, el poeta soñó poder estar en la cima de un brote.