miércoles, 11 de septiembre de 2013

158

Entre nosotros, cuerpo... ¿ hablamos ?, tengo sed en tu amor chupa poros, cuídate de mí, de mis cicatrices de hace tiempo, porque soy tu temor más valiente, no tengo circunstancias sin recipiente, ellas toman la forma de mis sentimientos, las emociones las llenan, son gotas húmedas que salpican en el sudor de los alumbrados, a veces el placer te arroja a cada una de sus huellas, son como pedruscos o minerales, como tatuajes en el recuerdo u el olvido, pero yo quiero la capital de su historia en mi vida, tocarle todos los colores palmo a palmo, pongo palabras en una botella, y la arrojo al mar cada vez que escribo, quizá alguien la recoja siempre llena de caracoles, y mi sexo tan lejano pueda estarle tan cerca, aunque pasen primaveras como formas excavadas de mí mismo sobre los océanos, porque ella sabe que el tiempo es blanco, y que no se puede abrir o cerrar como si fuese una compuerta, que no tiene ni entrada ni salida, ella sabe que el amor chapotea una horas en la vida y luego se marcha, pero su piel investiga entonces por qué estoy triste, sus pechos sujetan todo mi dolor, ellos me dicen que al querernos vamos dejando porciones muertas por girarnos así, eternamente, pues qué hago hoy con mi cintura, con ese latido besado por sus caderas, ven a mis labios y trae tu mirada a su contorno, mi dulzura sigue suave cuando alejas ese segundo que te pide mi boca, y es que es tan cercano no tenerte, es tan vistosa tu mirada ya perdida, hagamos el amor sin saber hacer la muerte, a continuación... puedes ser mi camino, y volver, improvisando cuando emerjamos de nuestros patios más íntimos, la sombra cubre ahora tu último gesto mudo, mi cuerpo y yo somos viceversa, nos salimos de ti, ¿ quién habría creído que el nacer te hubiera puesto a mi alcance ?, pero tú ya no eres esa,  yo tampoco soy ese, hay una melodía y su luz es lila, vive como parada en un muelle, rota con mis palabras, ya no puede darme el rostro.