Hoy el tiempo desciende a pocas pulgadas de ella, es mi aire que atraviesa su jungla, y le regala fibras de agua que ya han dejado mi cuerpo al deshacerse de amor en sus sentimientos, ahora la veo recostada, mira mi silencio dentro de un vaso vacío, yo me desnudo ante ella, soy un minuto en su cerebro, somos un espacio que el eco ha vaciado, sabores eléctricos con gusto a metal caen de sitio en sitio por su vagina, después voy a la fuente de sus labios, para besarla, hay noches en que hasta los ruidos tienen nuestro propio horario, y el pensamiento se nos deshace en la boca, cada idea es un disparo cerebral, brilla en la sombra del viento, cada emoción flota por la vida como un corcho, ella posee ese acento que pasa por mis brazos, que se hace más y más resbaladizo cada amanecer, más adolescente y soñoliento, como un pan caliente, anda titubeante y sonámbulo, y más abajo los rumores cansados del día, los huesos brillando en su distancia amarilla, Serge descubre una palabra sonámbula, pulsa, la toma entre sus manos, es un objeto que crece y pone su nido sobre un rumor cansado, la penumbra se entierra cálida, va a poner tu imagen en mi saliva, alguien saca su sueño de infancia desde una caja que tiene un arcángel pálido en el sabor del parpadeo del agua, hay rumores cansados que se encienden, se los maquilla con caricias, un racimo de uvas atrasa el crepúsculo a lo largo de tu piel, el sudor se desnuda a velocidad reducida en un orgasmo, pasa por mis brazos y oculta su mundo, se despeña en él, dice que no sabe de fechas, una cascada cae entonces en un cumpleaños, el espejo hace un agujero en la noche por donde pasas, el hielo la habita, es un regalo perdido, la muerte conduce entonces un grito de lluvia que se hace música, algo abandona mis gestos cada vez que te quedas muda, yo canto para que seas, mejor dicho... te amo.