martes, 11 de diciembre de 2012

119

- Dime qué eres...
- Soy tu muerte, Enrique. Y seré la imagen de un corazón que silencie tu imagen en sus latidos. Debes alimentarme ahora, no con sangre, sino con el agua negra de tus poemas.

Quise meterte mis pueblos con la dulzura de mis palabras. Ponerlos en algún lugar perdido que nadie más que tú reconozca. Eres fuera de mí y lo seguirás siendo. Rocío, ¿ tendré tiempo de hacerme una personalidad que emerga desde tu sombra ?
 
"Invítame nada más que hasta el fondo. Pon tu piel en mi boca y yo me pruebo y tallo tu imagen. Déjame tocar con mis labios la suavidad de tu saliva".

- Hay verde abstraido agrupado en mis ojos. Ellos manchan la hierba que luego callará sus flores en tu memoria...
- Gracias, poeta.

Pero una especie de olvido guardó sus pupilas. Una muñeca agonizaba en una estación. Llovía dócilmente mojando ese traje de trapo, parado en soledad. En ella, alguien mató algo de mí.

- Solo pido que te dejen con tu voz como nueva. Tenderme en su recuerdo con el instante de mi ausencia definitiva.

Decir tu nombre y moverme en tu sabor... ese es mi último deseo.
 
( El sexo está triste en su sonrisa. Ella no sabía nada de sí misma. Era un interior donde todo fue ser demasiado de sí misma. )

La música se golpea en la música.
Y Serge... hace el amor con el silencio.