Tus rasgos se ponen suaves en tardes como ésta, hoy intentamos hacernos perdonar el daño que no hicimos, en un amor hermoso como el suicidio, espeso como un oleaje en medio de la calle, frente a portales donde asoma el abandono todo hace el amor ahora, se trata de evitar mis grandes charcos de sombra, desbocados entre chimeneas muertas, somos riberas inestables, islotes vagabundos, y mi cuerpo se acuerda de tí, pero es igual que encender una lámpara, la distancia es sólo tentación y promesa, hoy hablas en voz baja, con tus pedacitos acoplados, sabes que yo caminaría en tu belleza, caído en la voz de tus voces, donde tu grito son pequeñas piedras diseminadas, yo, Serge, estoy clavado en una flor azul desde que expiró tu tiniebla, estoy subido en un cisne con rueditas, porque a los niños que no tuvimos, el resplandor de un padre se les interpuso, y arrojó lejos, al suelo, el juego favorito, como un pájaro de tristeza letal no se conoció nunca el color de tu deseo más profundo, Rocío, ¿ por qué nadie te buscó cuando desapareciste trás tu propia desaparición ?, ¿ donde afloraste, agonizaste, y tuviste principio ?, pequeña única ternura acosoda...¿ estás ?, incesante chica de pared, sombra encendida casi siempre, háblame, tu rostro avanza sin miedo en esa penumbra que lloras y hablas para no caer en un círculo opaco, en una idea fija, te inventaste el existir mucho más allá de tí mísma para no estar contigo, y entonces, ladrar cada día, en ese espacio en que nacías como una dulce realidad con tu pecho seco al sol, hoy eres todavía destino, mi desconocida, te he soñado tanto...pero no hay otro mundo.
- Poeta, decídete, pero no la toques así ...
Mójame el corazón hasta que los espejos se rompan.
Que tu sal me vuelque.
Eres la hija de la voz que poseía su estar en mi tristeza.