martes, 29 de mayo de 2012

91

Alguien entra en silencio y me abandona.

Serge ve bajar del bus a una mujer casada. Es ella. La pasión se me resiste a algo tan inconsciente como lo es la dilatación de sus pupilas. Un verdadero vértigo. Ahora el vacío no está solo. La soledad, como sea, me mira clavada y reclavada. Será lo que deba ser.
- ¿ Serge ? - preguntó.
- Sí.
- Me estoy volviendo loca.
Desprendía un lejano olor a licor. Sacó el último cigarrillo de su cajetilla y lo encendió.
- Ponmela toda mi amor. Y a propósito, ¿ sabías que hace la hembra de la mantis religiosa mientras folla ?
- Qué hace...dimelo tú.
- Le come la cabeza al macho.
- ¿ Y entonces ?
- ¿ Entonces esto no te calienta ?
- Soy demasiado frio, demasiado descreído para que me impresiones con cosas raras.

He colgado mi corbata a un picaporte.
Necesito de mi poesía. De letras como punto de contacto. De sollozos de un rostro que me llame. Necesito emboscarte en un poema. Hacerte mi rehén y que seas mi reloj para latir conmigo. Mis arterias ya están asomadas, saltan contigo, se atropellan,  fallecen.
Tu cuerpo es un lenguaje a pocos pasos del amor.

- Tienes un rostro fascinante, furcita mía. ¿ Qué haces tú ?
- Pues nada.

Méteme entonces toda la saliva en la boca con cada pedazo de "sin ganas" de quedarte conmigo.