Serge tuvo un orgasmo de burócrata jubilado. Una convulsión de presidiario antes de irse a dormir.
Muy lejos, Rocío jugaba a que era virgen. El deseo se le enroscaba en el estómago. En la cama, su piel olía a Jerez. Después...¿ acaso habían pasado algunos minutos ?
Era el punto y final de un adiós sin horas. Y sin ahora.
El amor abría la boca ante el espacio abisal de un corazón abandonado. Al borde de un precipicio esperaba solo. Para poder hablarle a los pájaros.
( Al final todos se casan, hasta tú y yo, que somos la muerte y otro cadáver ).
- También nos alejamos en una posición de ángel petrificado...
Una noche todos los peces del mar salieron a la superficie. Algo los hizo subir. Y quedar flotando. Miraban como la luz de la luna caía sobre ellos. Raro, pensé yo. Incluso podía verme en su retina.
- ¿ Papá ?
Ella lo miraba, sedosa.
- Sí.
- ¿ Mi hombre se parecerá algún día a mí ?
- Será tu vivo retrato, hija. Lo veo en tu frente...
En ese instante los peces desaparecieron. Miles y miles de peces.
Una mujer tiene las piernas al descubierto. Está medio apoyada en un muro. Muy mareada.
Una lágrima cumple ochenta años atrapada en un biberón.