lunes, 31 de octubre de 2011

59

Serge buscó su reloj bajo la almohada.
Estaría como una hora sentado en la estación de los autobuses preguntándose por ella.
-Nuestro encuentro no tiene nombre todavía-


Hacía calor. Llevaba dos días y dos noches sin dormir.
( ¿ Y qué me importa a mí si se han perdido sus pechos de pan blanco ? ).
La realidad retrocede. Estoy como empujado. Me hecho a correr.


Seguí mirando por ahí, por donde alguien se alejó.
( El amor es como un árbol sin hojas, pero que da sombra ).


Aquellas calles se estiraban sin límite, resbaladizas. Yo podía escuchar mi estómago. Sentía como un círculo seco dentro de él. Tenía hambre.
¿ Y cómo tienen los ojos los animales en el desierto ?


Un conductor de azucar, con goteras en el alma, pasa.


¿ Donde estás, Rocío, con las carnes empapadas de esperma ? 
( Porque el semen es la glucosa que se cae desde las uvas sujetas a tu corazón ).


Adelante mi autor, escríbelo.


Punto y aparte. 


Tengo las manos embarradas.
Mi conciencia es un velo.
Me desplumo...


Pero aún sigo con éste diario.


¿ Cómo respiras acostada, amor ?
He dejado mi cuerpo junto al vaso vacío de tu fachada.


Ahora, me voy haciendo solo en una migajita para así seguir buscándote la ausencia.