El alma que puede ser una grieta. Y que se disuelve en tristezas. Entonces es una queja de nieve. Y en el fondo de tu pecho, estamos oliendo tus tetas. Muy lejos de las calles donde la gente orina. En tu garganta, donde hay pétalos que caen al olvido. Y oigo descender tu ropa como una substancia mordida. Soy el huésped de tus lagrimales. Esos que no han cambiado de sabor.
Rocío: empapada de piel me abres tu cuerpo mudo.
- Serge, estás detrás del diluvio. Ahora enciendes tu cara de muerto.
( ¿ Y no ves mi psiquis cóncava sobre la harina de tu boca ácida ? )
Un extracto de mar.
Una pasión.
Un viaje inútil, pero liso, al otro lado del espejo.
Esa ternura esponjosa como una almohada que apuñalas.
La estatua de Serge y su corazón devoran un trébol.
También ve los minutos en los pequeños cerebros de las flores...
Hay un túnel roto en mi yo.
En ese temporal de destiempos.